Granada. Alcazaba y Alhambra



Corría la noche el día de San José del año 1232 cuando los soldados del presidio en el castillo de  Arjona, en Jaén, se pronunciaron para nombrar rey de su taifa a Mohamed Ben Al- Ahmar El Nars, sobrino del rey, joven de muy grandes cualidades personales.

 

Tras ser proclamado rey de la taifa de Arjona, Mohamed Ben Al-Ahmar El Nars (=Mohamed El Hijo del Rojo de Los Ganadores) se dedicó a ampliar su reino y tomó, con enfrentamientos o por medio de negociaciones, las ciudades de Jaén, Úbeda, Baeza, Baza, Guadix, Almería y subió a La Vega de Granada, donde conoció la ciudad y la eligió como sede de su capital…

 

Como la palabra Nars significa Ganador, él eligió el lema de los nazaritas: “Nosotros somos los Ganadores, por nuestro apodo, pero LE GALIB ILLE ALÁ (=SOLO ALÁ ES EL VENCEDOR). Cuando visites La Alhambra, espero que reconozcas el origen del lema nazarita.

 

De inmediato, los reyes de las taifas de Málaga, de Ronda, de Antequera y de las zonas de la Sierra de Grazalema acudieron a negociar con él, para someterse a su vasallaje a cambio de su protección y de mantener los privilegios familiares. Y de esta forma, en unos años, entre 1234-1238, quedó demarcado el Reino Moro de Granada.

 

Más tarde, un siglo después, consciente el rey Mohamed I de Granada de que su debilidad era mucha ante las más fuertes naciones cristianas que había al norte de Sierra Morena, le ofreció vasallaje al rey Fernando III El Santo, rey de una Castilla cada vez más poderosa.

 

Moros y cristianos acordaron que los granadinos: deberían de pagar unos tributos anuales; deberían de tener asiento y representación propia en las Cortes de Castilla y que tendría voz en las cortes cristianas antes que Toledo y que otras ciudades castellanas; habrían de concurrir con sus tropas a las operaciones militares que el rey de Castilla, el que fuera, según los días, les reclamara; y que mantendrían el comercio con Castilla, nación ya poderosísima y de gran riqueza agroganadera, para abastecerse de alimentos cuando lo precisaran.

 

El rey Fernando III El Santo reclamó a Mohamed I de Granada para que le ayudara en el asedio de la ciudad de Sevilla.

 

A las tierras reconquistadas, como homenaje y reconocimiento a la excelsa labor de Castilla, les dieron el nombre de la Nueva Castilla. Unos años después, para evitar las confusiones con Castilla La Nueva, a petición de los nobles asentados en Sevilla, les cambiaron el nombre por el de Andalucía. Cuando nació Andalucía, el Reino de Granada llevaba varias decenas años de años de existencia y poseía su personalidad histórica propia.

 

El Reino de Granada le dio a España la dinastía de los Al-Ahmar, la dinastía más larga, hasta ahora, en la historia de España.

 

El pacto de vasallaje duró hasta que el rey Muley Hacén o Abul Hasán, decidió romperlo y tomar la fortaleza de Zahara de La Sierra, “la Flor de la Serranía”, en el año de 1.481. Así se inició una larga guerra que acabó con la salida de la familia real nazarí al exilio africano.

 

Los Reyes Católicos se trajeron desde Villa Real la Real Chancillería de Granada y, para compensar a la Villa manchega de tal pérdida, le otorgaron el título de Ciudad Real.

 

Instituyeron el Virreinato del reino de GRANADA, que le entregaron en administración al conde de Tendilla, al que anteriormente le habían pagado su colaboración en la guerra de Granada con el título de Marqués de Mondéjar,  y vinculó el desempeño de este cargo a la familia Mendoza, sus magníficos auxiliares y consejeros en la dura tarea de la Reconquista.

 

Además, Los Reyes Católicos crearon en Granada, la ciudad de sus sueños, la CAPITANÍA GENERAL DE GRANADA, la primera que se instituyó en el mundo.

 

Y decidieron que, en el escudo de ESPAÑA, la granada figurara como el remache que lo completara, nuevo emblema de la nación.